Me preguntaron ¿Cómo me siento?
Súper
cansada y muy triste. Agobiada, preocupada con miedo y triste. Lo único que
quiero es llorar y lo más que quiero es no llorar más. Me siento destrozada.
Rota. Muy rota.
Triste.
Defraudada. Lastimada. Sin ganas de hacer nada realmente.
Quiero dormir
y despertarme en calma y sin este dolor tan profundo que tengo anclado en el medio
del pecho y me ahoga. Me anula y se está quedando conmigo, lo siento parte de mí,
se me está encarnando. Y pesa tanto!
No quiero más
la tristeza de mis días. No quiero más algunos silencios.
No puedo ser
desagradecida, no debo serlo. Tengo techo y comida. Mis hijas son sanas y
hermosas personas, hacen que me enorgullezca de la mamá que elegí ser. Solo que
no quiero llorar más. Todo lo que antes tenía, ahora es lágrimas y pena.
No es fácil poner
en palabras una respuesta ¿Cómo me siento? No sé. No es que quiera traer hasta
hoy, lo que tenía y ya no es. Es que siento dolor, porque aquello termino y ya
no es más. No pude, no me dejaron hacer nada. Mi hoy, no es mío, es el que me
impusieron. Es un hoy, que no quería, no elegí y se lo devuelvo a cualquiera
que lo reclame. No quiero mis días así. No quiero mis lágrimas a escondidas, no
quiero mis gritos ahogados a la noche.
Del dolor en
el pecho, al nudo en la garganta, a la humedad de las lágrimas que no paran. No
me dan un día de respiro, y siempre están ahí, listas a rodar la angustia y la
bronca sin explicar nada. Brotan solas, con una naturalidad aterradora.
Yo no soy así.
Así me siento. Así estoy. Ojala no se me note tanto. Ojalá pueda disimular
frente a mis hijas, cuán profundo es este agujero en el alma. No quiero que ellas crean que soy débil. Y no
quiero que ellas crean, que soy así siempre. Solo que hoy, estoy lastimada.
Estoy abatida.
Me siento triste, sola y cansada. Tengo muchas cosas que resolver y el dolor no
me deja avanzar.
Quiero hacer
otras cosas, pero al final del día no me quedan fuerzas o no encontré el modo,
el momento. Y cuando los tengo, no están las ganas. Porque hasta en esas inconsistencias
me paso los días.
Tengo tantas
cosas en la cabeza y no puedo resolver nada bien. Intento hacer algo de mi
trabajo, me quedo frente a la compu en blanco. Me rebota el enojo conmigo por
no poder desprenderme del dolor y seguir. No puedo seguir.
Tengo una
mezcla de pensamientos y sentires adentro, en la cabeza, en el pecho, en todos
lados. Los dolores son tan fuertes, tan hondos. Están ahí, en todos los
rincones, en todas mis cosas.
Me duele el
cuerpo, y me duele el alma y me pueden las lágrimas. Así me siento: dolida. Así
estoy, doliendo.
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