LA MUJER DE ESA FOTO.
Esa foto que a
muchos les encanto, tiene tanto atrás. Tanto. Algunos vieron realización y
seguridad. Yo veo una mujer cansada, con ojeras, se ve que ha llorado mucho y está
haciendo mucho esfuerzo para ponerle onda a la cosa.
Esa mujer de la
foto, intenta sonreír forzadamente, no quiere que se le note que se le rompió un
diente y le da vergüenza eso.
Está parada en
el medio de su casa, haciendo un juego, jugando con sus hijas, y hace chistes
que buscan sacarle risas a días difíciles.
Esa mujer de la
foto, está flaca. Le gustaría disfrutar de eso. Le gustaría sentirse bien con
eso, porque los de afuera le dicen que le queda bien, le gustaría sentirse bien
con eso; pero no puede creerles, ellos no saben que detrás de los kilos que se
fueron, se fueron muchos sueños, mucho amor. Se quedó sin eso.
Esa mujer de la
foto, parada con los brazos en jarra, últimamente se para así, por muchas
cosas. A veces, se descubre parada así, pensando cómo resolver cosas, o mirando
a sus hijas hacer la tarea, o incluso frente a la pila de platos sin lavar, sin
comprender de donde salieron. Se para así, porque necesita plantarse frente al
problema y enfrentarse a esa realidad que la descoloca.
Esa mujer de la
foto, está sola, haciendo el esfuerzo por sonreír y verse bien, jugando con la
gata que llego a acompañar los días difíciles de las tres. Está sola, parada,
con ojeras e intentando sonreír. Se sabe haciendo el esfuerzo para salir de lo
que duele. Busca pararse y enfrentarlo con altura y dignidad, y sabe que después
de eso vuelven las lágrimas a llenar las ojeras en noches de desvelo y
tristeza. Está sola. Parada. No pierde el humor porque sabe que eso la ayuda y
entonces se ríe de ella.
Esa mujer de la
foto, está sola, y está triste, cansada, pero de pie. Busca sonreír de verdad. Quiere
que la vean bien, y quiere creer en eso.
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